El valor central de un suelo de madera deportivo profesional radica en su excelente función de protección

lo cual está directamente relacionado con la vida profesional y la salud física de los atletas. Según la norma industrial alemana (DIN 18032) y los estándares internacionales, su coeficiente de fricción superficial debe controlarse estrictamente entre 0.4 y 0.7. Este rango es un valor de oro obtenido tras innumerables experimentos: si es demasiado resbaladizo, los atletas pueden caerse fácilmente al correr a alta velocidad; si es demasiado rugoso, puede provocar que el pie se pegue al suelo, causando desgarros de ligamentos o torceduras. Además, su excelente capacidad de absorción de impactos es otro punto destacado. Cuando un atleta aterriza tras un salto, la capa elástica y la estructura de largueros del sistema absorben eficazmente al menos el 50% de la fuerza del impacto, reduciendo drásticamente las vibraciones dañinas en tobillos, meniscos y columna vertebral. En el caso de las canchas de baloncesto, también debe poseer una capacidad de rebote de balón superior al 90%, garantizando una experiencia de juego auténtica y fluida, haciendo que la altura de rebote del balón sea casi idéntica a la de una superficie de cemento.

