Mitos comunes sobre los suelos deportivos: ¿Cuanto más duro, mejor

Existe la creencia errónea de que un suelo deportivo debe ser extremadamente duro para ser resistente.

Sin embargo, en el mundo del parquet deportivo, la rigidez excesiva es enemiga de la salud. Un suelo demasiado duro (como el hormigón directo) no absorbe los impactos, devolviendo toda la energía a las articulaciones del atleta y aumentando drásticamente el riesgo de lesiones. La norma DIN 18032 exige que el suelo tenga una capacidad de absorción de impactos superior al 53%. Por otro lado, tampoco debe ser demasiado blando, ya que dificultaría el desplazamiento y el bote del balón. El verdadero secreto reside en el equilibrio: una superficie dura y resistente al desgaste en la capa superior, apoyada sobre un sistema elástico que ofrece la deformación vertical necesaria para proteger al deportista.

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