A menudo nos centramos en la superficie brillante y las vigas de madera

pero hay un componente silencioso que puede determinar el éxito o el fracaso de un suelo deportivo de madera: la barrera contra la humedad. La madera es un material orgánico que reacciona drásticamente a los cambios de humedad, y el suelo de hormigón sobre el que se instala el suelo deportivo es una fuente constante de condensación y vapor de agua.
Sin una barrera de vapor eficaz (generalmente una lámina de polietileno de alta densidad colocada directamente sobre el hormigón), la humedad ascendería por capilaridad hacia las vigas de madera y los paneles. Esto provocaría que la madera se hinchara, se deformara y, en casos extremos, sufriera de pudrición o ataques de hongos. Un suelo deportivo de madera abombado no solo es inseguro para los atletas debido a las irregularidades en la superficie, sino que su reparación implica desmontar todo el sistema. Por lo tanto, durante la instalación, asegurar un sellado hermético de la capa de barrera contra la humedad es un paso innegociable. Es la primera línea de defensa que garantiza que la inversión en el suelo perdure durante décadas, protegiendo la integridad estructural desde abajo hacia arriba.

