La longevidad de un suelo deportivo de madera no depende solo de la dura superficie de arce que pisamos

sino de la salud de su esqueleto interno: el sistema de vigas (listones). Estas vigas de madera, generalmente de pino u otras coníferas, viven en un entorno desafiante, atrapadas entre el suelo de hormigón y la actividad intensa de la cancha. Sin el tratamiento adecuado, este esqueleto es vulnerable a la humedad, los hongos y las plagas.
Por ello, el proceso de tratamiento anticorrosión es un paso crítico e innegociable en la fabricación de suelos deportivos de calidad. Las vigas deben ser sometidas a tratamientos de presión o inmersión con sales conservantes que penetran profundamente en la fibra de la madera. Esto no solo las protege de la pudrición y el moho causados por la condensación natural del suelo, sino que también las hace resistentes a las termitas y otros insectos. Un sistema de vigas mal tratado puede degradarse silenciosamente durante años, perdiendo su integridad estructural y provocando que el suelo se vuelva inestable o ruidoso. Al inspeccionar un suelo deportivo, asegurar que todas las maderas estructurales tengan un certificado de tratamiento anticorrosión es fundamental para garantizar que la instalación sea una inversión duradera y segura.

