Mucha gente cree erróneamente que cuanto más antideslizante sea un suelo deportivo, mejor. Esto es un gran error.

En la filosofía de diseño de suelos deportivos, «antideslizante» y «anti-adherente» son una contradicción que debe equilibrarse perfectamente. Si la superficie del suelo es demasiado lisa (coeficiente de fricción inferior a 0.4), los atletas perderán tracción al correr a alta velocidad y frenar bruscamente, resbalando como si estuvieran sobre hielo. Por el contrario, si la superficie es demasiado seca o adherente (coeficiente de fricción superior a 0.7), la fricción entre la suela y el suelo es excesiva; cuando el atleta gira o se desliza, el pie queda «pegado» al suelo, y la enorme fuerza de torsión se transmite directamente a las rodillas y tobillos, provocando lesiones graves como desgarros de ligamentos. Por lo tanto, el proceso de pintado de la superficie de un suelo deportivo de élite es extremadamente cuidadoso: debe formar una estructura de textura especial a nivel microscópico que proporcione suficiente fricción estática para garantizar la velocidad de arranque, pero también una fricción dinámica moderada que permita un deslizamiento fluido. Este sutil equilibrio es la clave para garantizar la seguridad de los atletas y el despliegue de su técnica.

