La estructura en capas de los suelos deportivos de madera

Es probable que aquellos amigos que gestionan instalaciones deportivas se hayan topado con esta incómoda situación: llega un usuario dispuesto a jugar, bota el balón un par de veces e, inmediatamente, frunce el ceño quejándose de que el suelo se siente «hueco» y carece de rebote, como si estuviera botando el balón sobre algodón. Muchos asumen que el suelo simplemente está desgastado; sin embargo, esto es en realidad un síntoma clásico de un fallo estructural en el sistema del subsuelo.


Este fenómeno es particularmente común en los sistemas de pavimentación que utilizan una «estructura de viguetas simples». Las causas fundamentales del problema suelen dividirse en tres categorías: En primer lugar, el desplazamiento o el aflojamiento de las almohadillas amortiguadoras. Estas almohadillas actúan como los resortes del suelo; si no se fijaron adecuadamente durante la instalación —o si eran de mala calidad—, pueden desplazarse con el paso del tiempo. Esto provoca que ciertas secciones del suelo queden sin soporte (suspendidas), lo que naturalmente se traduce en una falta de rebote al botar el balón. En segundo lugar, la deformación de las viguetas. Las viguetas actúan como el esqueleto del suelo; si no se controló adecuadamente el contenido de humedad de la madera, o si la separación entre viguetas era excesiva, estas pueden hincharse debido a la absorción de humedad o agrietarse por la contracción durante el secado. Esto desplaza la estructura suprayacente y provoca el fallo de la capa de amortiguación. En tercer lugar, la putrefacción inducida por la humedad en el subsuelo de madera contrachapada. Este es el culpable más insidioso; si la instalación sufre de una ventilación deficiente o se utiliza un exceso de agua durante la limpieza, la humedad puede filtrarse en la estructura del subsuelo. Esto provoca que la madera contrachapada se enmohezca y se ablande, perdiendo finalmente su integridad estructural y su capacidad de carga.
Ante esta situación, muchos propietarios de instalaciones intentan simplemente parchear el suelo; sin embargo, esto por lo general solo trata los síntomas, en lugar de la causa subyacente. Esto se debe a que la raíz del problema se encuentra bajo la superficie: en la propia estructura del subsuelo. La única solución verdaderamente permanente suele implicar retirar el pavimento superficial y reconstruir por completo el sistema del subsuelo. Esto sirve como un contundente recordatorio de que la calidad del subsuelo determina directamente la «vida útil saludable» de todo el sistema de pavimentación; por lo tanto, nunca se debe intentar tomar atajos ni escatimar en la calidad de la infraestructura del subsuelo.

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