En la construcción de recintos deportivos profesionales, el pavimento de madera para deportes no es, en absoluto, una simple disposición de tablones; más bien, constituye un sistema mecánico preciso y complejo. Actualmente, el diseño más reconocido a nivel internacional y ampliamente adoptado es la estructura de tipo «fijo-suspendido», caracterizada por su elevada capacidad de absorción de impactos y su continuidad estructural. Conocido comúnmente como sistema de «compuesto de tres capas», su principio fundamental reside en maximizar el rendimiento deportivo mediante la combinación estratégica de materiales distribuidos en distintas capas.

La capa inferior actúa como barrera contra la humedad, y suele consistir en una lámina de polietileno (PE) de alta densidad. Su función trasciende la mera tarea de bloquear la humedad proveniente del subsuelo y prevenir la deformación de la madera; actúa, además, como la piedra angular fundamental para la estabilidad de todo el sistema. Situada por encima de la barrera de humedad se encuentra la crucial capa elástica de absorción de impactos. Esta capa se compone habitualmente de almohadillas de caucho o de material EVA de alta densidad, dispuestas en un patrón de «flor de ciruelo» o en forma de cuadrícula. Cuando un atleta realiza un aterrizaje, esta capa experimenta una ligera deformación, absorbiendo más del 53 % de la energía del impacto, salvaguardando así eficazmente los tobillos, las rodillas y la columna vertebral del deportista.
La capa intermedia es la capa portante —conocida habitualmente como sistema de rastreles—. En una configuración de doble rastrel, los rastreles primarios y secundarios se cruzan en ángulo recto para conformar una robusta estructura reticular. Esta disposición no solo distribuye las cargas verticales, sino que también proporciona la resiliencia horizontal necesaria. La capa superior es la capa de superficie, construida típicamente con tablones de madera de arce o roble de Grado A, con un espesor que oscila entre los 20 y los 22 mm. Estas tres capas estructurales funcionan de manera independiente, pero cooperan a la perfección para constituir una entidad unificada que parece «flotar» sobre el suelo. Este diseño confiere al pavimento la rigidez suficiente para soportar una actividad deportiva intensa, al tiempo que conserva la elasticidad adecuada para proporcionar amortiguación: una encarnación perfecta de la estética de la ingeniería que aúna «fuerza y flexibilidad».

