Los suelos de madera para instalaciones deportivas no son una inversión única; al igual que un coche de lujo, requieren un mantenimiento regular para conservar su óptimo estado. Un cuidado adecuado no solo prolonga la vida útil del suelo, sino que también garantiza la seguridad de los deportistas.

La limpieza diaria es fundamental. Después de cada jornada de competición o entrenamiento, utilice una mopa seca o una aspiradora para eliminar el polvo y la arena. La arena daña el acabado del suelo, desgastándolo como papel de lija al rozar con el calzado. Se puede realizar una limpieza profunda semanalmente, pero solo con un detergente neutro específico; los ácidos y álcalis fuertes están estrictamente prohibidos. La mopa debe escurrirse completamente (sin que gotee) para evitar que la humedad se filtre por las juntas.
El mantenimiento profesional regular es esencial. Normalmente, se requiere un mantenimiento profesional del suelo cada seis meses o un año. Esto incluye revisar si hay secciones sueltas, retocar las zonas muy desgastadas y volver a aplicar una capa antideslizante. Para instalaciones con un uso muy intensivo, puede ser necesario un proceso completo de lijado y reacabado cada pocos años, eliminando arañazos y pintura vieja, repintando y remarcando las líneas para que el suelo luzca como nuevo.
Además, el control ambiental también forma parte del mantenimiento. Mantener la humedad relativa en la instalación entre el 40 % y el 60 %, evitando la sequedad o la humedad extremas, previene eficazmente que el suelo se agriete o se deforme. Solo cuidando los suelos de madera deportivos como si fueran tu propia piel se puede garantizar una protección sólida para los atletas durante muchos años.

