Entre los diversos tipos de madera, el arce, especialmente el arce duro norteamericano

se considera el «material de oro» para suelos deportivos, con una posición inquebrantable. En primer lugar, el arce tiene una alta densidad (aproximadamente 705 kg/m³) y una alta dureza (dureza Janka de 1450 lbf), lo que le permite soportar el tráfico peatonal intenso y el movimiento de equipos sin abollarse fácilmente. En segundo lugar, su veta recta y uniforme, su color blanco claro y su aspecto limpio tras el pulido y el acabado favorecen la concentración de los atletas durante la competición. En tercer lugar, el arce posee una buena estabilidad y un bajo coeficiente de contracción y expansión, lo que lo hace menos propenso a agrietarse y deformarse con los cambios de temperatura y humedad. Y lo que es más importante, tras un tratamiento profesional, los suelos de arce cumplen a la perfección los estrictos requisitos de las organizaciones deportivas internacionales en cuanto a absorción de impactos y rebote del balón. Casi todos los estadios de la NBA, los estadios olímpicos de baloncesto y los recintos certificados por la FIBA utilizan suelos de arce. Aunque es más caro que el roble o el abedul, su excepcional vida útil (hasta 20 años o más), sus bajos costos de mantenimiento y su excelente rendimiento deportivo lo hacen extremadamente rentable. Para los administradores de recintos que buscan profesionalismo y una rentabilidad a largo plazo, el arce es sin duda la primera opción.

