Entre los diversos tipos de madera, el arce (especialmente el arce duro norteamericano) ha dominado durante mucho tiempo el mercado de suelos deportivos de alta gama. Sus ventajas se deben a una combinación de propiedades físicas, valor estético y reconocimiento internacional.

En primer lugar, el arce cuenta con una dureza Janka de 1450 lbf, muy superior a la del roble (1290) y el abedul (910), lo que significa que su superficie es extremadamente resistente a arañazos, marcas y abrasión, manteniendo su aspecto impecable incluso durante deportes de competición de alta intensidad. En segundo lugar, su estructura fibrosa uniforme y densa, su bajo coeficiente de contracción y expansión, y su gran adaptabilidad a los cambios de temperatura y humedad lo hacen menos propenso a deformarse.
En cuanto al rendimiento, los paneles de arce ofrecen un rebote de pelota estable (superior al 93%) y un coeficiente de fricción ideal (aproximadamente 0,5), lo que garantiza un control preciso de la pelota y minimiza el riesgo de resbalones. Al mismo tiempo, su tono blanquecino claro y su veta recta y clara crean una atmósfera visual brillante y profesional, muy apreciada por diseñadores y espectadores.
Y lo que es más importante, los suelos de arce han recibido certificaciones de organizaciones prestigiosas como la FIBA, la NBA y la NCAA, convirtiéndose en la configuración por defecto para competiciones internacionales. Este respaldo de la industria no solo eleva el prestigio del recinto, sino que también sienta las bases para albergar competiciones de alto nivel en el futuro.
Por supuesto, la madera de arce es más cara y requiere estándares de instalación y mantenimiento más estrictos. Sin embargo, para recintos profesionales que priorizan el valor a largo plazo, la seguridad y la imagen de marca, el arce es sin duda una inversión que vale la pena y una excelente opción.

