El rendimiento de los suelos de madera deportivos no puede juzgarse únicamente por su aspecto;

requiere una evaluación basada en una serie de indicadores científicos. Entre las normas reconocidas internacionalmente se incluyen la DIN (Norma Industrial Alemana), la EN (Norma Europea) y la certificación FIBA, que abarcan principalmente los siguientes parámetros fundamentales: en primer lugar, la tasa de rebote del balón, que es la relación entre la altura de rebote de un balón de baloncesto tras una caída libre desde una altura específica y su altura original. Los suelos de madera deportivos de alta calidad deben tener una tasa de rebote ≥90 % para garantizar una trayectoria estable del balón. En segundo lugar, el coeficiente de fricción por deslizamiento, idealmente entre 0,4 y 0,6; un valor demasiado bajo provoca deslizamiento, mientras que uno demasiado alto dificulta el movimiento. En tercer lugar, la deformación vertical, que refleja la profundidad de la huella tras el impacto, con un rango estándar de 2,3 a 5,0 mm; un valor demasiado alto afecta al rebote, mientras que un valor demasiado bajo resulta en una amortiguación insuficiente.
Además, la tasa de absorción de energía (la proporción de fuerza de impacto absorbida por el suelo) debe ser ≥53% para proteger las rodillas y los tobillos de los atletas. Las pruebas de carga rodante simulan el impacto del movimiento del equipo sobre el suelo, sin necesidad de hendiduras permanentes. Estas características de rendimiento dependen del material (p. ej., arce de alta densidad), la estructura (sistema de vigas suspendidas) y el proceso de instalación (error de planitud ≤3 mm/3 m) para garantizar un rendimiento óptimo. En cuanto a las especificaciones, un grosor de panel de 22 mm y un ancho de 60-75 mm son estándar en la industria, lo que garantiza la resistencia y la estabilidad de las uniones. Solo cuando se cumplen todos los estándares se puede considerar un suelo de madera deportivo verdaderamente profesional.

