Los distintos deportes tienen requisitos significativamente diferentes en cuanto al rendimiento del suelo,

lo que requiere una selección a medida. Las canchas de baloncesto requieren una alta tasa de rebote (≥90%) y una fricción moderada para permitir arranques explosivos y frenadas repentinas; el bádminton prefiere un rebote ligeramente menor y una mayor resistencia al deslizamiento para evitar resbalones; mientras que la gimnasia y la danza priorizan una amortiguación suave para reducir el impacto al aterrizar. Las canchas de tenis de mesa deben ser planas y sin juntas para evitar trayectorias anormales de la pelota.
En cuanto a los materiales, la madera de arce, gracias a su alta dureza, veta recta y color claro, se utiliza ampliamente en ligas de élite como la NBA; el roble ofrece una alta rentabilidad y es adecuado para instalaciones escolares y comunitarias; algunos suelos deportivos compuestos combinan una superficie de madera maciza con un sustrato de alta densidad, equilibrando rendimiento y coste. Estructuralmente, los sistemas fijos ofrecen una gran estabilidad y son adecuados para instalaciones permanentes; las instalaciones suspendidas facilitan el desmontaje y la reubicación, lo que las hace adecuadas para pabellones multiusos o instalaciones temporales.
Al comprar, es fundamental confirmar si el producto cuenta con certificaciones internacionales como FIBA, DIN 18032 y EN 14904, y realizar una evaluación exhaustiva basándose en la frecuencia de uso, el presupuesto y la capacidad de mantenimiento. No utilice suelos genéricos indiscriminadamente, ya que esto podría afectar la experiencia deportiva o incluso provocar accidentes que afecten a la seguridad.

