En la industria global de suelos deportivos profesionales, el arce duro norteamericano (Acer saccharum) ocupa una posición inquebrantable.

Desde las canchas de la NBA hasta los estadios olímpicos de baloncesto, desde el centro de entrenamiento de Wimbledon hasta las sedes de la Copa Mundial de la FIBA, los suelos de arce se han convertido prácticamente en sinónimo de «profesional». Esto se debe a sus propiedades físicas superiores, su estabilidad en el procesamiento y su validación práctica a largo plazo.
En primer lugar, el arce presume de una densidad y dureza excepcionales. Su densidad al aire libre alcanza los 0,70-0,75 g/cm³, y su dureza Jameson alcanza las 1450 lbf, superando ampliamente a la del roble (1290 lbf) y el nogal americano (1820 lbf, superior, pero con una veta más gruesa). Esto significa que, bajo un uso intensivo que implica correr con frecuencia, frenar bruscamente y saltar, los suelos de arce son menos propensos a abolladuras o arañazos, manteniendo una apariencia suave y como nueva con el paso del tiempo.
En segundo lugar, la estructura fibrosa altamente uniforme del arce y su baja anisotropía resultan en una deformación constante bajo tensión, lo que garantiza una variación mínima en la altura del rebote, independientemente de dónde caiga la pelota en la cancha, un principio fundamental de la equidad competitiva. Experimentos demuestran que los pisos de arce de alta calidad alcanzan una tasa de rebote del 93% al 95%, cumpliendo o incluso superando el requisito de la FIBA de ≥90%.
Además, el arce tiene un color blanco claro y una veta fina. Tras un tratamiento de recubrimiento UV multicapa, la superficie presenta un efecto mate suave, sin reflejos fuertes que interfieran con la visión de los atletas. Simultáneamente, sus propiedades antibacterianas naturales y su baja absorción de humedad garantizan una buena estabilidad incluso en entornos con niveles de humedad variables.
Aunque el arce es más caro (troncos importados + aranceles + costos de procesamiento), su vida útil puede superar los 25 años. Con renovaciones regulares (lijado y reacabado cada 5 a 8 años), el costo total de vida útil es menor que el de pisos más económicos que requieren reemplazo frecuente. Por lo tanto, para locales que buscan valor a largo plazo y una experiencia de primer nivel, el arce es sin duda una opción racional.

