Aunque los suelos de madera deportivos son un material natural, con un procesamiento científico, pueden alcanzar una vida útil de más de 20 años. Su durabilidad depende principalmente del tipo de madera, el control del contenido de humedad, el revestimiento de la superficie y el entorno en el que se utilizan.

Las maderas duras de alta calidad, como el arce y el roble, son inherentemente resistentes a la descomposición. Si el contenido de humedad se controla entre el 8 % y el 12 %, se pueden prevenir eficazmente las grietas y la deformación. El revestimiento resistente a la abrasión UV de la superficie suele alcanzar un nivel AC4 o superior, soportando cientos de fricciones diarias. El lijado y el reacabado regulares (cada 5 a 8 años) pueden eliminar el desgaste de la superficie y restaurarla a su estado original.
Sin embargo, la humedad, la luz solar directa y la corrosión química son las tres principales causas de muerte. Por lo tanto, los recintos deben estar equipados con equipos de deshumidificación, se debe evitar la luz solar directa y está estrictamente prohibido el uso de agentes de limpieza ácidos y alcalinos fuertes. El uso de alerce o pino tratado con conservantes para el sistema de vigas también puede prolongar significativamente la vida útil de la estructura.
Una alta durabilidad implica menores costos totales de vida útil. Un suelo de madera deportivo de alta calidad puede soportar decenas de miles de horas de entrenamiento y competición a lo largo de su vida útil, lo que lo convierte en una inversión rentable a largo plazo en infraestructura.

