Como infraestructura fundamental de los recintos deportivos profesionales, la elección de los materiales para los pavimentos deportivos de madera determina directamente su adaptabilidad, durabilidad y seguridad. Actualmente, los materiales más comunes en el mercado se dividen en dos categorías principales:

pavimentos deportivos de madera maciza y pavimentos deportivos de madera compuesta. Estos dos tipos difieren significativamente en su composición, rendimiento y aplicaciones. Los pavimentos deportivos de madera maciza utilizan maderas duras naturales como materia prima, siendo las más comunes el arce, el roble y el abedul. El arce, reconocido internacionalmente como un material de primera categoría para pavimentos deportivos, presenta una densidad moderada (650-700 kg/m³), un excelente módulo de elasticidad (aproximadamente 11 000 N/mm²), una textura superficial fina y un coeficiente de resistencia al desgaste ≤0,4, lo que reduce eficazmente el riesgo de resbalones para los atletas. Además, posee excelentes propiedades de absorción de impactos, absorbiendo más del 70 % de la fuerza del impacto y reduciendo la probabilidad de lesiones articulares. Se utiliza ampliamente en recintos de alto nivel como las canchas de la NBA y los pabellones de baloncesto profesional. El roble posee una mayor dureza (densidad en seco de 700-750 kg/m³), una resistencia al desgaste excepcional y un precio relativamente asequible, lo que lo hace idóneo para entornos de uso frecuente, como gimnasios de colegios e institutos y centros de fitness. El abedul, por otro lado, destaca por su gran resistencia y veta uniforme, y se utiliza a menudo como vigas auxiliares o panel para instalaciones de gama media y baja. Los suelos deportivos de madera compuesta se componen de una chapa de madera dura en la superficie, una capa central de tableros multicapa y una capa inferior de laminado equilibrado, siendo su principal ventaja su alta estabilidad. Su capa central se fabrica mediante un proceso de laminado cruzado, que compensa eficazmente la contracción y dilatación naturales de la madera, controlando el contenido de humedad entre el 8 % y el 12 %. Incluso en ambientes húmedos o secos, la deformación se mantiene dentro del 0,3 %, superando con creces el estándar del 0,5 % de los suelos de madera maciza. La capa superficial suele emplear chapa de arce o roble de 3-4 mm de espesor, conservando las propiedades deportivas naturales de la madera, mientras que la estructura multicapa del núcleo mejora la resistencia al impacto del pavimento, alcanzando una resistencia a la flexión estática superior a 15 N/mm².

