La madera de arce domina constantemente la selección de materiales para suelos deportivos profesionales. Sus propiedades físicas únicas y su adaptabilidad a diversos deportes la convierten en la opción predilecta para instalaciones deportivas de alta frecuencia, como canchas de baloncesto y bádminton. En esencia, el arce es una madera dura, con una densidad de secado al aire de aproximadamente 0,6-0,72 g/cm³. Esto le proporciona la dureza suficiente para soportar el impacto deportivo y una elasticidad moderada para amortiguarlo, reduciendo eficazmente las lesiones articulares durante saltos y aterrizajes.

La estructura de veta de la madera de arce es una de sus principales ventajas. Su veta clara y recta no solo crea una superficie lisa, reduciendo la fricción en las suelas de los zapatos durante el ejercicio, sino que también mejora la resistencia de la madera a la deformación. Bajo cargas prolongadas y de alta intensidad, la madera de arce es menos susceptible al agrietamiento y la deformación, lo que resulta en una vida útil de 15 a 20 años. Además, la madera de arce presenta una mínima variación de color. Tras lijar y pintar, el color de su superficie permanece uniforme y brillante, complementando la iluminación del recinto para crear un ambiente deportivo profesional. Esta es una razón clave por la que el arce se utiliza en muchas sedes de partidos de baloncesto de la NBA y de la Asociación China de Baloncesto (CBA). En la práctica, los suelos deportivos de arce se clasifican en dos tipos: arce duro y arce blando. El arce duro es más duro y adecuado para deportes de competición como el baloncesto y el voleibol; el arce blando es más elástico y se utiliza a menudo en instalaciones como el bádminton y el tenis de mesa, donde se requiere una mayor elasticidad superficial. Cabe destacar que la madera de arce de alta calidad suele provenir de Norteamérica y Europa. La madera de estas regiones se somete a rigurosos procesos de desengrasado y secado, manteniendo un contenido de humedad entre el 8 % y el 12 %. Esto le permite adaptarse a las fluctuaciones regionales de temperatura y humedad y evitar la deformación causada por las variaciones ambientales.
En comparación con otras maderas duras como el roble y el haya, el arce destaca por su excelente equilibrio entre dureza y elasticidad. La excesiva dureza y la falta de elasticidad del roble pueden provocar fatiga en los atletas tras un ejercicio prolongado. La veta gruesa del haya genera un coeficiente de fricción superficial inestable, lo que puede comprometer la seguridad. Por lo tanto, ya sea teniendo en cuenta los estándares de las competiciones profesionales o las necesidades de los deportes cotidianos, el arce es la «opción de oro» para suelos deportivos.

